Espectáculos de pequeño formato
Entre Bambalinas
Entre Bambalinas fue la primera creación escénica de Groc Teatre, escrita y dirigida por Miguel Ferrando Rocher, y estrenada en diciembre de 2013 en el Teatro L’Agrícola de Alboraya. La pieza marcó el punto de partida de una línea artística que ya dejaba entrever con claridad el ADN de la compañía: partir de un hecho real, reconocible, para construir una ficción emocional y profundamente humana.
La obra tomaba como referencia simbólica un acontecimiento real de gran impacto mediático: el histórico salto de Fiona May, doble campeona del mundo y figura clave del atletismo italiano, como metáfora de ese instante irrepetible en el que todo puede cambiar. A partir de ahí, Entre Bambalinas desplazaba la mirada hacia el reverso del éxito: el espacio oculto del teatro. Un territorio donde los abrazos valen el doble y el tiempo parece detenerse mientras el público ríe, calla o llora.
Interpretada por Gonzalo Martínez Orozco, Sandra Pla, Cisco Greses y Tatiana Navarro, la pieza funcionó como una comedia coral, donde humor y melancolía convivían sin artificio y lo cotidiano se convertía en materia dramática. El relato se sostenía en situaciones mínimas para hablar de expectativas, fragilidad, amistad y de esa vida paralela que siempre sucede al margen del aplauso.
La propuesta se completó con un equipo artístico y técnico cohesionado, al servicio del texto y de los intérpretes: el espacio escénico de Dulce Adell Cabrera, el diseño de iluminación de Alberto Valero y el grafismo de Micrito. La producción contó, además, con el apoyo institucional del Ayuntamiento de Alboraia, de la ESAD València y del Centro de Estudios Desirée, así como con colaboradores artísticos y técnicos vinculados al proceso de creación.
Entre Bambalinas no solo inauguró la trayectoria de Groc Teatre, sino que anticipó con claridad una manera de entender la escena: mirar la realidad de frente para transformarla en teatro, poniendo el foco en lo invisible y en aquello que, sin verse, sostiene todo.
¿Y por un millón?
¿Y por un millón? fue una pieza breve de formato íntimo, escrita y dirigida por Miguel Ferrando Rocher, estrenada en diciembre de 2013 en el Teatro Rialto, dentro del ciclo Miniteatre al Rialto. Aquella experiencia supuso uno de los primeros espacios institucionales de visibilidad para una generación de creadores jóvenes que acabaría por configurar buena parte del teatro contemporáneo valenciano de la década siguiente.
Concebida como un duelo escénico directo, la obra situaba al espectador ante una pregunta tan simple como perturbadora: ¿existe un límite moral cuando todo parece tener un precio? Al final de una noche de fiesta, dos personajes iniciaban un juego aparentemente inocente que, a través del humor y la provocación, derivaba hacia terrenos cada vez más incómodos: el cuerpo, el deseo, la infidelidad, la culpa, la violencia y el perdón. Una conversación banal que se transformaba en un espejo ético difícil de esquivar.
La pieza contó con dos elencos y dos versiones lingüísticas, reforzando su carácter versátil y su vocación de cercanía:
– En castellano, fue interpretada por Wanda Bellanza y Víctor Fajardo.
– En valenciano, por Eva Lezcano y Pablo Díaz del Río.
El ciclo Miniteatre al Rialto reunió entonces a creadores e intérpretes que más tarde tendrían un papel destacado en la escena valenciana, entre ellos Lucía Aibar, Victoria Salvador y Leo Di Bari, configurando un caldo de cultivo creativo que anticipó nuevas dramaturgias, formatos y miradas.
Con un dispositivo escénico mínimo y una apuesta radical por la palabra y el trabajo actoral, ¿Y por un millón? consolidó una de las constantes del trabajo de Groc Teatre: partir de situaciones reconocibles para llevar al espectador a zonas morales y emocionales incómodas, donde ya no es tan fácil responder. La pieza se convirtió así en un germen temprano de una manera de hacer teatro que, pocos años después, encontraría pleno desarrollo en la escena valenciana contemporánea.
Des Moines
Des Moines fue una pieza de formato íntimo, escrita y dirigida por Miguel Ferrando Rocher, estrenada en el Microteatre València, el ya desaparecido espacio de la calle Cádiz, en el barrio de Russafa, referente del teatro de proximidad en València durante la década de 2010. La obra se inscribe en la misma etapa creativa que Selfie!, compartiendo con ella el interés por los espacios reducidos, la cercanía radical con el espectador y una dramaturgia sostenida en la palabra y el trabajo actoral.
La acción situaba al público en una tienda de campaña, convertida en un espacio escénico y en la metáfora central del espectáculo. Dos amigas, Laura y Paula, se refugiaban allí durante una escapada nocturna a la montaña. En ese espacio mínimo —calor, oscuridad, intimidad— emergían deseos no formulados, miedos acumulados y la tentación constante de salir fuera. Des Moines partía de una referencia real y simbólica —la ciudad americana asociada al imaginario de la libertad, el viaje y la posibilidad de otra vida— para hablar, en realidad, de algo mucho más cercano: el miedo a cruzar ciertos límites.
Interpretada por Lucía Aibar y Carmen Díaz, la pieza funcionó como un duelo emocional contenido, donde humor, tensión y fragilidad convivían sin artificio. La dramaturgia avanzaba a través de una conversación aparentemente cotidiana que, poco a poco, empujaba a las protagonistas —y al público— hacia una decisión clave: salir o quedarse, gritar o callar, arriesgar o permanecer a salvo.
El dispositivo escénico apostó por una inmersión total del espectador: el público se sentaba sobre esterillas y sacos de dormir, compartiendo el espacio con las intérpretes, mientras una iluminación mínima recreaba la luz exterior de una noche de luna llena. La tienda de campaña operaba como una frontera física y emocional entre el dentro y el fuera, el confort y el vértigo.
Des Moines consolidó una de las constantes del trabajo de Groc Teatre en sus primeras creaciones: partir de situaciones reconocibles para activar conflictos íntimos y morales, utilizando formatos de proximidad extrema y confiando en el actor y la palabra como centro absoluto de la experiencia escénica. Una pieza que, junto a Selfie! y ¿Y por un millón?, terminó de perfilar una manera de entender el teatro: cercano, incómodo y profundamente humano.
Buena suerte, señor Gorsky
Buena suerte, señor Gorsky fue una pieza escrita y dirigida por Miguel Ferrando Rocher, presentada en 2014 dentro del marco de Russafa Escènica. La obra partía de un referente ampliamente conocido —la anécdota atribuida a Neil Armstrong durante el alunizaje del Apolo XI— para construir una ficción escénica que ponía en relación historia, memoria y relato, sin aspiración épica y desde una escala deliberadamente humana.
La acción se desarrollaba en una pista de tenis, ocupada por dos intérpretes jóvenes vestidos de blanco impoluto. Armstrong y Gorsky iban abriendo la conversación hacia el recuerdo: la infancia compartida, la vida anodina de un vecindario cualquiera, las manzanas robadas, y finalmente la noche de 1969.
El texto alternaba con naturalidad entre el humor, la precisión verbal y el juego metateatral, incorporando la mirada al público y la conciencia explícita de estar contando una historia. El relato del viaje a La Luna no se abordaba desde la grandilocuencia, sino desde la experiencia concreta: el miedo, la tensión, el error, el detalle mínimo que suele quedar fuera de los grandes relatos oficiales. La pieza proponía así una lectura clara: los grandes hitos históricos también están hechos de pequeños gestos, malentendidos y recuerdos personales.
A medida que avanzaba la función, el partido de tenis iba perdiendo su condición estrictamente cotidiana para convertirse en algo más: un ensayo, una preparación, una repetición necesaria antes del salto. Sin abandonar nunca la lógica del juego, la obra conducía al espectador hacia un cierre en el que la pista dejaba de ser solo un lugar de enfrentamiento y pasaba a funcionar como plataforma de despegue, estableciendo un paralelismo directo entre el gesto deportivo y la idea de volar.
Con un dispositivo escénico austero, apoyado en el cuerpo, la palabra y la acción repetida, Buena suerte, señor Gorsky reforzó una línea central en el trabajo de Groc Teatre: partir de un hecho real y muy reconocible para transformarlo en una experiencia teatral. Una obra que equilibraba inteligencia, humor y claridad y que ocupó un lugar muy significativo entre las primeras creaciones de la compañía.
Jaleo
Jaleo fue una pieza de formato medio escrita y dirigida por Miguel Ferrando Rocher, estrenada en 2015 en La Nevera Ediciones (entonces conocida como El Altillo de Russafa). Concebida para un espacio de proximidad extrema, la obra proponía una experiencia escénica directa, activa y sin intermediarios, en la que el espectador dejaba de ocupar un lugar pasivo para convertirse en parte esencial del juego.
En escena, dos intérpretes —Josep Aguilar y Pablo Navarro— compartían un espacio mínimo compuesto por dos taburetes y un gran baúl de mimbre, del que iban emergiendo objetos cotidianos (linternas, tarjetas, cerillas, un reloj de cocina). Desde ese dispositivo sencillo, Jaleo se construía como una reflexión escénica sobre una idea muy concreta: la costumbre de esperar. Esperar a que algo empiece, a que algo pase, a que otro decida por nosotros.
La dramaturgia avanzaba a través del humor, la ruptura constante de la cuarta pared y la interacción directa con el público, planteando una pregunta frontal: ¿y si no esperáramos? Frente al espectador educado y paciente —el “rey del espere”—, la pieza defendía la acción, el riesgo y la participación. El teatro no es un lugar donde se aguarda un final, sino un espacio donde las cosas suceden aquí y ahora.
El público, dispuesto a la italiana pero sin una frontera clara entre escena y platea, era progresivamente implicado en una serie de juegos, decisiones y acciones que transformaban cada pase en una experiencia distinta. Jaleo apostaba así por un teatro vivo, imprevisible y compartido, donde la energía colectiva se convertía en el verdadero motor de la función.
Con arte y diseño de Dulce Adell Cabrera, Jaleo consolidó una de las líneas más claras del trabajo de Groc Teatre en aquellos años: activar al espectador, romper la inercia de la espera y reivindicar el teatro como un lugar de encuentro, acción y presencia real.


La navaja de Ockham
La navaja de Ockham fue una pieza de microteatro escrita y dirigida por Miguel Ferrando Rocher, estrenada en 2014 en Microteatre València, donde se representó entre marzo y abril. Concebida para un formato de proximidad extrema, la obra se apoyaba en un dispositivo escénico mínimo y muy significativo: varios marcos desnudos, vacíos, repartidos por el espacio, como un museo sin cuadros o una sala donde lo importante no está colgado, sino que ocurre delante del espectador.
La acción situaba a Pablo y Pilar, dos desconocidos, en un encuentro aparentemente casual que pronto se convertía en un duelo verbal. A partir de la conversación y de la fricción entre ambos, la pieza introducía el principio filosófico que le da título (La navaja de Ockham) para abrir un debate directo sobre la fe y la razón, las creencias heredadas, el miedo a la soledad y la necesidad de construir un relato propio ante lo inesperado.
Interpretada por Víctor Fajardo y Carmen Díaz, la pieza explotaba al máximo las condiciones del microteatro: cercanía física, escucha activa y una tensión sostenida a lo largo de todo el recorrido. Ambos intérpretes consolidaron en los años posteriores una trayectoria continuada en producciones institucionales del Institut Valencià de Cultura, convirtiéndose en rostros habituales de la escena valenciana contemporánea y confirmando el potencial que ya mostraban en esta etapa inicial.
La navaja de Ockham se inscribe así en una fase fundacional del trabajo de Groc Teatre, junto a piezas como Selfie!, Jaleo y ¿Y por un millón?. Obras de formato íntimo, apoyadas en la palabra, el actor y situaciones reconocibles, que compartían una misma manera de entender la escena: partir de lo cotidiano para activar conflictos morales y emocionales, confiando en la proximidad y en el riesgo como motores teatrales. Una etapa clave que también funcionó como espacio de impulso para intérpretes que, poco después, ocuparían un lugar central en la producción pública y privada valenciana.
Selfie!
Selfie! es una comedia contemporánea de pequeño formato, escrita y dirigida por Miguel Ferrando Rocher, estrenada en diciembre de 2015 en el emblemático Microteatre de València, el ya extinto espacio situado en la calle Cádiz del barrio de Russafa (València), referencia fundamental del circuito teatral alternativo valenciano de la década de 2010.
La pieza propone un juego escénico ágil y directo que toma como punto de partida el lenguaje de las redes sociales —hashtags, imágenes, exposición constante— para hablar de algo mucho más antiguo: el deseo de conexión, la fragilidad emocional y la necesidad de ser mirados. Bajo una apariencia ligera y cómica, Selfie! articula una dramaturgia precisa sobre la construcción de la identidad en la era digital.
Interpretada por Eva Lezcano y Vicent Domingo, la obra construye un duelo íntimo entre dos personajes atrapados en un espacio cotidiano —una habitación / estudio— donde lo público y lo privado se confunden. El espectáculo combina humor, ritmo y cercanía con el espectador, funcionando casi como un scroll emocional: rápido, reconocible y profundamente contemporáneo.
La propuesta se completa con un dispositivo escénico minimalista, diseñado para el formato de proximidad propio del Microteatre: escenografía de Dulce Adell, con un espacio doméstico de paredes negras y objetos cotidianos (libros, cámara de fotos, imágenes colgadas, luz ambiente) que dialogan directamente con la idea de exposición y autorrepresentación. Selfie! es una comedia accesible para todos los públicos que, al apagar la cámara, deja una pregunta clara en el aire: qué queda de nosotros cuando nadie mira.
Un amigo de verdad
Adaptación libre a partir de Il vero amico, de Carlo Goldoni
Un amigo de verdad fue una adaptación muy libre del clásico de Carlo Goldoni, creada como taller final de 3º de Dirección Escénica y Dramaturgia en la Escuela Superior de Arte Dramático de València (ESADV) (2016). La propuesta, firmada en adaptación y dirección por Miguel Ferrando Rocher, reinterpreta el material goldoniano desde un pulso contemporáneo: un engranaje de relaciones en el que el deseo empuja, la lealtad aprieta y la amistad se pone a prueba.
El montaje reunió un reparto de alto nivel —con intérpretes que después consolidarían carreras de primera línea— y que ya entonces apuntaban un talento rotundo en escena. Destaca Paula Usero, posteriormente nominada al Goya a Mejor Actriz Revelación por La boda de Rosa (Dirección: Icíar Bollain), quien encabeza el elenco junto a Jorge Valle, Ilion Trebicka, Arianne Algarra y Miguel Arnau. El taller fue tutorizado por Carles Alberola Ortiz, director de referencia en la escena valenciana y director de L’Aneguet Lleig, Premio Max 2016 al Mejor Espectáculo Musical o Lírico.
En el plano artístico y técnico, la propuesta se completó con un equipo docente y de diseño especializado: Escenografía (Carlos Montesinos), Vestuario (Rocío Cabedo), Iluminación (Víctor Antón) y Producción (Pablo Fernández – Yapadú).
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